Exposición realizada en radio FM la Tribu, dentro del ciclo de exposiciones Enfoque, con la dirección y curatoría del artista Diego Perrota.

Ellos


Por Ana Longoni

Primera visión

“Fue la primera vez en mi vida que vi tantos niños con hambre, tirados en la calle. No sabía si estaban vivos o muertos”. El relato de esa experiencia infantil, ocurrida cuando Loreto Garín y su familia se exilian desde Chile hacia Colombia, puede pensarse como la génesis de su obra. Y no me refiero sólo a los cinco módulos que componen esta muestra, sino también a la serie de intervenciones gráficas que viene desplegando en Buenos Aires desde el año pasado.

“Niño Hambre” es el nombre de la imagen sintética de un gamín, un chico mendigante, “un cuerpo negro y exánime”1, abandonado en la calle, desechado. Un niño (¿vivo o muerto?) en el que el hambre ya no es necesidad perentoria o requerimiento, sino su después. Lo que queda tras el hambre. Lo que el hambre deja en los cuerpos.

Transcripción

Las cinco telas reunidas en “Ellos” traducen o, mejor, transcriben a un formato pictórico otros registros en los que la artista viene produciendo su obra (sus libros de artista, las instalaciones y acciones en la calle). Un pasaje de la página de papel, la pancarta o el afiche al bastidor. Aunque más que un calco se trata de un condensado de citas y remisiones, que puede ser leído a modo de glosario del universo loretiano.

El movimiento va de la gráfica al óleo. De la calle a la exposición en un ámbito preservado. Y sin embargo, el lienzo es arpillera (similares arpilleras de trama burda usaban durante el Chile pinochetista las mujeres presas para bordar sus denuncias al régimen).

No hay blanco inmaculado sino un fondo sucio, manchado de té, cubierto con brea y extracto de nogal. No hay previsión: sus materiales se comportan de forma imprevisible, en las formas que provocan, en sus inesperadas reapariciones. Un soporte que anuncia que será corrompido, corroído, que entrará en proceso de descomposición. Una obra efímera, alimento de los hongos, que terminará en la basura, y mientras tanto se ríe de su falta de sacralidad llamando de antemano a las mosquitas a posarse en su piel.

Porque no sólo los signos, también los materiales –como lo subraya la obra de Loreto–son políticos. Su elección y su devenir tienen inscripta la memoria de una historia (personal, social) que no puede eludirse.

Hojas de té

Loreto inició las instalaciones callejeras con bolsitas de té intervenidas gráficamente en Santiago de Chile en 1999, en el pasaje donde vivía, el mismo que aquí aparece pintado al óleo en un ángulo superior. Señalar como inicio un lugar y un procedimiento: la lluvia moja las bolsitas y tiñe de té las paredes, los charcos. La materialidad y la forma deshaciéndose, pudriéndose a la intemperie.

En agosto de 2002, Loreto inició una serie de programadas intervenciones callejeras en Buenos Aires, donde combinaba la imagen del “niño hambre” con una serie de adverbios interrogativos: Dónde, Cuándo, Cómo, Por qué.

La intención de producir una saturación visual a partir de la recurrencia juega con dos efectos enfrentados: si la imagen en sí aísla y torna visible al “niño hambre”, su multiplicación reiterada, serial, provoca que al acumularlo y amontonarlo, se esconda e invisibilice. Allí está y sin embargo ya no lo vemos.

Consciente de esta paradoja, Loreto se propone terminar la serie con la descomposición del “niño hambre” en una mancha abstracta, irreconocible. Como la del té.

La analogía entre el niño y el té se refuerza cuando se hace notar que el saquito también tiene cabeza, columna vertebral, tronco. Su infusión es el paliativo del hambre por antonomasia, un engañaestómagos de los pobres.

“Te hicieron bolsa”: un significante que alude a la vez a la precaria tinta y al pronombre posesivo.

Preguntas

Hasta aquí, Loreto construyó  sus libros de artista en torno a los pronombres personales  “Yo”, “Nosotros” (inclusivo) y “Nosotros” (excluyente). El “niño hambre” –nos aclara– es “Él”. ¿Entonces, ”ellos” son los que faltan? ¿O “ellos” son los responsables de que no estén los ausentes?

“Ellos” es una pregunta abierta, incontestable, y a la vez una respuesta precisa.

Una abstracción y la concreción de una denuncia. La síntesis de una historia. Páginas desguazadas y rearticuladas. Las incisiones y el cúmulo de imágenes,  tonos, sabores, caricias y dolores que nos dejan las ciudades que poblamos y debimos abandonar.