Sobres encontrados en la calle cuando trabajaba de encuestadora, intervenidos con grabados en punta seca.

En 1997 cuando aun estudiaba arte en Santiago, trabaje de encuestadora para una horrible compañía de materiales ecológicos, todo termino el día en que un vecino de un barrio alto de la ciudad me lanzo un perro, que mordio mi Ingle y me echaron de aquel trabajo.

Memoria 1:

En aquella época surgió una obsesión con trabajar en el forzamiento de la materia, por lo cual trabajaba haciendo experimentos con materiales como: Te, azúcar, Café, Hongos de los arboles y pasto, salsa de soja y durazno. Utilizaba las bolsas que me daban para regalar en las encuestas como residuarío de los materiales que encontraba en mi recorrido laboral, de ahí hasta la escuela, luego los depositaba sobre los papeles, y los sellaba por unos días hasta ver el estado de la descomposición o recomposición de la materia. Es por eso que muchos de estos libros están fragmentados, debido a que varias de sus paginas se convirtieron en barro, hongo y a veces en moscas.

Memoria2:

La precariedad de las condiciones laborales era aun mayor que en una  gran compañía, por lo cual aquella fachada de humanismo y ecología hacia aun mas despreciable las condiciones de explotación.

Pero en esa época era muy joven así que en los minutos que podía vagabundear y mi memoria se retraía, lograba encontrar por el camino algunas señales de narraciones posibles, materiales para hacer trabajos universitarios, lecturas y hasta tesoros de alguna historia oculta en aquella ciudad del olvido.

Memoria3:

Los libros tienen una fantástica utilidad para el artista precario, ya que el contenido y armado de sus paginas puede ser completamente a destiempo de la edición, por lo cual es posible juntar material en horarios laborales, o dejarse llevar por el transito cotidiano.

Restos de paginas de libros que entraron en proceso de putrefacción sumergidos en palanganas con te, soja, durazno y café.

En 1998 me traslade a Buenos Aires. En esta ciudad la situación de humedad transformo por completo mis experimentos. Mis libros y grabados se convirtieron en larvas o moscas,  por lo cual no pude continuar con algunos ejercicios.

El paso de cuatro años, por la Imprenta que perteneció al surrealista Juan Andralis, posibilito múltiples experimentaciones, con tintas, papeles e imágenes. A su vez las prensas de encuadernación permitieron que los formatos variaran, y los libros pasaron a tomar dimensiones enormes.

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